Mostrando entradas con la etiqueta Valores. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Valores. Mostrar todas las entradas

martes, 20 de diciembre de 2011

Que es la Navidad

No es el tiempo en el que más se reza, sino en el que más se compra.
No es el tiempo en el que más nos arrodillamos, sino en el que más nos adornamos y nos divertimos.
No es el tiempo en el que vivimos pendientes de la señal de la estrella para encontrar al niño Dios, sino pendientes de los anuncios de la televisión y la propaganda para encontrar lo que deseamos adquirir y lo que queremos estrenar.
¡Qué alteración de vida, qué frenesí en las calles, qué tumulto en la tiendas!
¡Cuánta vanidad, compromisos, felicitaciones y endeudamientos!
¡Cuanta sofocación y cuántos movimientos llenan la tierra!
¡Y qué soledad, qué desolación, qué intima paz llenan la gruta de Belén! L
as tiendas se abarrotan porque todos quieren "cosas".

Y la gruta está vacía porque pocos quieren fe.

Todos están adorando su dinero y desperdiciando la riqueza de su salvación.
¡Qué contagio colectivo produce la sed insaciable de "tener"!
Y qué lejos de todo parecen los preocupados por "ser", por entrar en su Navidad interior y ofrecer amor.
Hay culto de comercio, no adoración de Dios.
Hay religión de banquetes, no fuego de pesebre.
Hay fe de postalitas, no de espíritu divino.
Hay luces de foquitos, no de corazones encendidos.
Se abren las puertas para Dios ¡y entra el mundo!
Abren los salones para los ricos y se olvidan de los pobres y de los tristes.
Se pregona la gran verdad y parece una gran mentira.
Suenan las campanas, se prenden los arbolitos, se aturden los hombres, todos comprometidos con la sociedad pero desprevenidos del Salvador del Mundo.

Vivimos con sentido porque Cristo nace.
Ahí comienza nuestra salvación.
Creemos con seguridad porque se hizo hombre para traer una doctrina.
Caminamos con dirección porque desde su nacimiento nos trajo luz para mirar y eje para sostenernos.

Pero nuestro afán es de mucho supermercado y poco templo, muchas vidrieras y pocas "figuras", muchos festejos y poca reflexión. Mucho trono, pero muy poco rey, mucho buscar y buscar sin encontrar con qué llenarse. Como si el alma fuera un paquetico con moño de regalo, y el corazón, un ornamento de vitrina, y Dios, una bonita historia sin trascendencia en nuestra vida

Todos se apresuran a cumplir las órdenes de la moda y de la sociedad, y pocos se detienen a meditar en el mandamiento del amor y en el sentido del misterio.
Todos, en una doble Navidad, en un doble ramaje, una doble cara, una doble postura, una doble antena.
Como si Cristo y el mundo moderno se pudieran encasillar juntos para pasar la Navidad.

Hay cosas que no pueden fundirse ni empatarse, ni confundirse. Cosas que se excluyen. Porque no puedes arrodillarte y a la vez desenfrenarte. No puedes rezar en la iglesia y a la vez aplaudir el vicio fuera de ella; mirar el cielo y enlodar la tierra; pararte en el mundo y disfrazarte de lo que te convenza.

No puedes decir que nace Cristo mientras tú te diviertes, te insensibilizas, te disipas, te duermes. Cristo estableció el amor. Cristo cambió las costumbres por la conversión de la vida, y planeó la libertad del cristiano y la luminosidad de la vida.

No hay más que una Navidad y un Nacimiento para llenar los rincones de tu alma. No hay más que un niño Dios para llevar la luz al fondo de tu corazón.
No hay más que una estrella para cuidar tus pasos. Y si quieres proteger tu vida, no hay más que esa gruta para resguardarte.Hoy es el día de los niños, de las tradiciones, de los pobres, de los desamparados. Del perdón espontáneo, de la plegaria tibia, del corazón fuera del pecho, de vaciar las alforjas, de pedir perdón?

¡Y lucirse en la caridad del Señor!
Envió: Zenaida Bacardí de Argamasilla

sábado, 10 de diciembre de 2011

EL SUEÑO DE LA VIRGEN MARÍA

José, anoche tuve un sueño muy extraño, como una pesadilla. La verdad es que no lo entiendo. Se trataba de una fiesta de cumpleaños de nuestro Hijo. La familia se había estado preparando por semanas decorando su casa. Se apresuraban de tienda en tienda comprando toda clase de regalos. Parece que toda la ciudad estaba en en lo mismo porque todas las tiendas estaban abarrotadas. Pero algo me extrañó mucho: ninguno de los regalos era para nuestro Hijo. Envolvieron los regalos en papeles lindísimos y les pusieron cintas y lazos muy bellos. Entonces los pusieron bajo un árbol. Si, un árbol, José, ahí mismo dentro de su casa. También decoraron el árbol; las ramas estaban llenas de bolas de colores y ornamentos brillantes. Había una figura en el tope del árbol. Parecía un angelito. Estaba precioso. Por fin, el día del cumpleaños de nuestro Hijo llegó. Todos reían y parecían estar muy felices con los regalos que daban y recibían. Pero fíjate José, no le dieron nada a nuestro Hijo. Yo creo que ni siquiera lo conocían. En ningún momento mencionaron su nombre. ¿No te parece raro, José, que la gente pase tanto trabajo para celebrar el cumpleaños de alguien que ni siquiera conocen? Me parecía que Jesús se habría sentido como un intruso si hubiera asistido a su propia fiesta de cumpleaños. Todo estaba precioso, José y todo el mundo estaba tan feliz, pero todo se quedó en las apariencias, en el gusto de los regalos. Me daban ganas de llorar que esa familia no conocía a Jesús. ¡Qué tristeza tan grande para Jesús - no ser invitado a Su propia fiesta! Estoy tan contenta de que todo era un sueño, José. ¡Qué terrible si ese sueño fuera realidad!