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martes, 24 de enero de 2012

Oración por la PAZ

Oh, Dios, Creador del universo,

que extiendes tu preocupación paternal sobre cada criatura

y que guías los eventos de la historia a la meta de la

salvación;

reconocemos tu amor paternal

que a pesar de la resistencia de la humanidad y,

en un mundo dividido por la disputa y la discordia,

Tú nos haces preparar para la reconciliación.


Renueva en nosotros las maravillas de tu misericordia;

envía tu Espíritu sobre nosotros,

para que él pueda obraren la intimidad de nuestros corazones;

para que los enemigos puedan empezar a dialogar;

para que los adversarios puedan estrecharse las manos;

y para que las personas puedanencontrar entre sí la armonía.


Para que todos puedan comprometerse

en la búsqueda sincera por la verdadera paz;

para que se eliminen todas las disputas,

para que la caridad supere el odio,

para que el perdón venza el deseo de venganza.


Autor: Juan Pablo II

domingo, 1 de enero de 2012

María, Madre de Dios

María, Madre de Dios y Madre nuestra, te ofrecemos este año que hoy estrenamos.
Te pedimos que en él recibamos las continuas bendiciones de tu Hijo, nuestro Dios y Señor, y que seamos luz del mundo por la santidad de nuestras obras.



Bajo tu protección nos acogemos,

Santa Madre de Dios;

no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades;

antes bien, líbranos siempre de todo peligro,

¡oh Virgen gloriosa bendita!

jueves, 29 de diciembre de 2011

Sagrada Familia



Este año se celebrará mañana, viernes 30.

Intención para ese día: queremos ofrecerlo a todas las familias, para que sean lugares en los que, siguiendo el modelo de la Sagrada Familia de Nazaret, encontremos a Jesús en cada una de ellas.



Padre nuestro...
Dios te salve...
Gloria al Padre...

lunes, 28 de noviembre de 2011

En tu presencia

Viviré en la presencia de mi Salvador, desde el amanecer hasta que el cansancio cierre mis ojos. Una sola gracia te pido Señor, hazme sentir tu presencia en cada instante de mi vida, comenzando desde mi despertar.


Haz Señor que mi trabajo sirva para ayudar a que este sea un mundo mejor, dame la gracia de que yo sea más diligente, ordenado y creativo.

Haz que vea con tus ojos al más humilde de mis hermanos y que mi actuar haga que se sientan amados por tu amor y que quieran seguirte.

Señor que yo sea un instrumento de superación, que motive y apoye a mis hermanos para que se sigan preparando, para que así ayuden a cambiar este mundo que está tan lejos de ti. Y que al caer la noche, cuando mi ser desfallezca, regrese a ti, con la sonrisa del que ha amado y te ha amado tanto, hasta desaparecer en ti.

domingo, 24 de octubre de 2010

Domund



Por los misioneros


Acudimos a ti, Madre de la Iglesia.
A ti que con tu fiat abriste la puerta
A la presencia de Cristo en el mundo,
En la historia y en las almas,
Acogiendo con humilde silencio
Y abandono total
La llamada del Altísimo.

Haz que muchos hombres y mujeres
Sepan percibir también hoy
Esta voz de tu Hijo:”Sígueme”.

Haz que encuentren la fuerza
De dejar a sus familias,
Sus ocupaciones y sus esperanzas terrenas
Y que sigan a Cristo por el camino que El ha señalado.

Extiende tu mano materna sobre los misioneros
Presentes por todo el mundo,
Sobre los religiosos y religiosas
Que asisten a los ancianos,
Enfermos, disminuidos y huérfanos;
Sobre todos los que están comprometidos en la enseñanza;
Sobre los miembros de los institutos seculares;
Fermentos silenciosos de obras buenas;
Sobre quienes en la clausura
Viven de fe y amor
Y oran por la salvación del mundo.
¡Amen!


Por Juan Pablo II

viernes, 15 de octubre de 2010

Oración

Y les dijo: «¿Quién de vosotros que tenga un amigo, y acuda a él a media noche y le diga: "Amigo, préstame tres panes, porque un amigo mío me ha llegado de viaje y no tengo qué ofrecerle", le responderá desde dentro: "No me molestes, ya está cerrada la puerta; yo y los míos estamos acostados; no puedo levantarme a dártelos?".
Os digo que, si no se levanta a dárselos por ser su amigo, al menos por su importunidad se levantará para darle cuanto necesite».
Así, pues, yo os digo: "Pedid y so os dará; buscad y hallaréis; llamad y se le abrirá; porque todo el que pide, recibe; y el que busca, encuentra; y a quien llama, se le abrirá. Pues, ¿qué padre habrá entre vosotros a quien si el hijo le pide un pez, en lugar de un pez le dé una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dé un escorpión? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas cosas a vuestros hijos, ¿cuánto más el Padre del Cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?». (Lucas 11, 5-13)

Jesús, con ejemplos humanos me quieres explicar el poder de la oración. Si una persona no va a desoír al amigo aunque venga en un momento inoportuno; si un padre no va a dar una serpiente al hijo que le pide un pez; cuánto más Dios -el verdadero amigo, el mejor padre- va a preocuparse de mí cuando le pido lo que necesito.
Por eso, la conclusión es clara: «Pedid y se os dará, buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá.»
Pero no es suficiente con pedir tímidamente, o con buscar sólo entre las posibilidades más sencillas, o con llamar una sola vez.
Hay que pedir con insistencia. Para que mi petición sea escuchada Tú me pides fe y perseverancia. Además, Jesús, Tú me darás lo que más me convenga, no necesariamente lo que más te pida. Porque ¿qué buen padre, si el hijo le pide una serpiente o un escorpión, le dará lo que pide? A veces te pido que se me solucione un problema -que apruebe un examen, que tal persona se fije en mí, que pueda ir de vacaciones a tal lugar- y Tú no me lo concedes.
No es que no me oigas, es que te estoy pidiendo algo que no me conviene o que no me merezco.
«Cuando nuestra oración no es escuchada es porque pedimos aut mali, aut male, aut mala. «Mali», porque somos malos y no estamos bien dispuestos para la petición.
Male», porque pedimos mal, con poca fe o sin perseverancia, o con poca humildad.
«Mala», porque pedimos cosas malas, o van a resulta, por alguna razón, no convenientes para nosotros» (San Agustín).
«Para algunos, todo esto quizá resulta familiar; para otros, nuevo; para todos, arduo. Pero yo, mientras me quede aliento, no cesaré de predicar la necesidad primordial de ser alma de oración ¡siempre!, en cualquier ocasión y en las circunstancias más dispares, porque Dios no nos abandona nunca.
No es cristiano pensar en la amistad divina exclusivamente como un recurso extremo.
¿Nos puede parecer normal ignorar o despreciar a las personas que amamos?
Evidentemente, no. A los que amamos van constantemente las palabras, los deseos, los pensamientos: hay como una continua presencia.
Pues así con Dios.
Con esa búsqueda del Señor, toda nuestra jornada se convierte en una sola íntima y confiada conversación.
Porque Nuestro Señor nos hacer ver -con su ejemplo- que ése es el comportamiento certero: oración constante, de la mañana a la noche y de la noche a la mañana.
Cuando todo sale con facilidad: ¡gracias, Dios mío!
Cuando llega un momento difícil: ¡Señor, no me abandones!
Y ese Dios, manso y humilde de corazón, no olvidará nuestros ruegos, ni permanecerá indiferente porque Él ha afirmado: Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá.
Procuremos, por tanto, no perder jamás el punto de mira sobrenatural, viendo detrás de cada acontecimiento a Dios: ante lo agradable y lo desagradable, ante el consuelo... y ante el desconsuelo por la muerte de un ser querido.
Primero de todo la charla con tu Padre Dios, buscando al Señor en el centro de nuestra alma. No es cosa que pueda considerarse como pequeñez, de poca monta: es manifestación clara de vida interior constante, de auténtico diálogo de amor» (Amigos de Dios.-247).

viernes, 23 de abril de 2010

Madre Auxiliadora
Tengo mil dificultades: ayúdame.
De los enemigos del alma: defiéndeme.
En mis desaciertos: ilumíname.
En mis dudas y penas: confórtame.
En mis soledades: acompáñame.
En mis enfermedades: fortaléceme.
Cuando me desprecien: anímame.
En las tentaciones: defiéndeme.
En las horas difíciles: consuélame.
Con tu corazón maternal: ámame.
Con tu inmenso poder: protégeme.
Y en tus brazos al expirar: recíbeme.
Amén.